
Dulces, Mitos y Risas
Se acerca la popular tradición pagana de Halloween con las diversas interpretaciones y con el característico homenaje a los niños, aspecto que particularmente en Colombia ha tenido una orientación hacia la celebración de los dulces y los disfraces, más que a la recordación de las brujas, monstruos y demás personajes terroríficos. Es importante recordar que el origen de esta celebración tiene que ver con la tradición Celta del cierre de la cosecha y la apertura de la temporada oscura de invierno, donde se presenta la posibilidad de contacto entre este mundo y el de los espíritus, a su vez y conforme fue avanzando el tiempo se incluyeron otro tipo de aspectos según las diversidad cultural que tuvo contacto con la creencia, así pues la tradición católica adopto para la fecha del 1 de noviembre la celebración de todos los santos, qué particularmente en México tiene toda una cosmogonía en torno a la muerte y sus rituales, permitiendo que el mito que da origen a esta celebración se extendiese por muchos más lugares alrededor del mundo. Hoy, más allá de los orígenes y los significados, esta fiesta se enmarca en la posibilidad de disfrazarse, de obtener dulces, de compartir con los niños, los amigos y la familia; de acuerdo a las edades, existen diversos tipos de prácticas, con diferentes orientaciones y sentidos.
Para los más pequeños, se presentan las influencias de los medios de comunicación y el marketing impositivo respecto al alquiler o compra de un disfraz que pueda ser el símil del personaje animado del momento o del superhéroe de moda, la posibilidad de complacer los deseos paternos de observar al retoño con una piel de elefante u algún otro animal que les despierte ternura y el influjo social sobre que disfraz elegir, que actitud demostrar y que actividades desarrollar. El consumo de dulces puede ser uno de los mayores alicientes para los niños, pero también un riesgo que obliga a padres y/o cuidadores a prestar mucha atención, de igual modo, los recorridos, los altos volúmenes de personas y los mismos disfraces pueden favorecer prácticas delictivas incrementando los riesgos, por lo cual es muy importante seguir ciertas recomendaciones de seguridad, así como lo expone la Policía Nacional:

- No permita que los niños acudan solos a la ruta para pedir dulces.
- Lleve siempre de la mano a sus hijos, al estar disfrazados es posible confundirlos fácilmente con otros niños, especialmente en centros comerciales.
- Establezca una estrategia de comunicación fácil y efectiva sí llega a perderse del grupo, el celular podría ser la mejor herramienta dependiendo de la edad.
- Tenga especial cuidado del tipo de disfraz que utilicen los niños, algunos pueden dificultar la visibilidad y el caminar.
- Indique con claridad los peligros de hablar con extraños a sus hijos, al igual que aceptar propuestas de estos, como ser transportados.
- Evite los lugares oscuros y poco habitados, al igual que el acceso a sitios abandonados o habilitados para casas de terror.
- Revise los dulces que hayan sido recolectados antes de suministrarlos a los niños, con especial atención del estado y sí es posible de las fechas de vencimiento.
- Notifique cualquier situación irregular o sospechosa a la línea de contacto 112 o al número celular de su cuadrante.
También es importante prestar atención a las consecuencias de la ingesta de azúcares en altos niveles y el impacto que los dulces pueden tener en los dientes si no existen hábitos de limpieza adecuados, los odontólogos recomiendan en la mayoría de los casos limitar el consumo, buscar dulces con menos contenido de azúcar, fáciles de digerir y distribuirlos en un recipiente que favorezca el control bajo la supervisión adulta, acompañando a los niños en el ejercicio de cepillarse después de las comidas hasta convertirlo en un hábito para ellos.
Para los adolescentes el sentido se orienta en mayor medida hacia las fiestas, la posibilidad de mostrar su popularidad, su impacto social y su creatividad, sorprendiendo a los demás con algún maquillaje llamativo o un disfraz importado, el consumo de sustancias que pueden estar presentes en algunos lugares y determinadas prácticas que de cierto modo pudiesen ser atribuibles al “ocultismo”, todo esto dependiendo del tipo de grupo, del nivel de “curiosidad” y de los límites que existan para cada joven. Es muy importante resaltar que este momento de la vida implica romper con la relación dual hacia padres o cuidadores de manera definitiva, para encontrar el derrotero de la adultez, que para algunos logra ser menos conflictivo o traumático, pero que en gran medida depende de la actitud con la cual se asume el proceso tanto por los padres como por los hijos, es muy importante en este nivel que las consecuencias sean claras, que exista coherencia frente al ejemplo y las solicitudes de comportamiento, y especialmente, que no se rompa el canal de comunicación con ellos, es mucho mejor contar con la información que tener que imaginar que están haciendo, puede que un maquillaje de zombie o de algún personaje diabólico sea completamente desagradable para mis creencias como padre conservador, pero debo contextualizar la situación para poder darle el sentido que merece según lo que interpreta en ello mi hijo o hija. Muchas veces se logra más por el camino de la diplomacia que por el de la confrontación.
En el caso de los adultos las celebraciones suelen cobrar otros matices, pueden ocurrir en términos de eventos familiares o de actividades lúdicas con amigos, donde se realizan concursos, se hacen comparsas o se asiste a discotecas u otro tipo de lugares de fiestas. El disfraz en estos casos suele tener otros significados y así como en los orígenes mismos de las actividades artísticas en la antigua Grecia, las máscaras permiten la externalización de lo inconsciente en el plano consciente, sin las grandes dificultades recriminatorias de las limitaciones sociales, se puede “jugar a ser” lo que se desea o simplemente externalizar lo que se esconde, también se puede probar suerte al dejar expresar opiniones o posturas que de otros modos no son conversables o debatibles, empero puede también ser un ritual simbólico colmado de sentido al mejor estilo de los carnavales. Sea como sea, se instituye cada vez con más fuerza como una tradición adoptada, en la cual creatividad, interacción, amistad y diversión se conjugan para disfrutar.
Existen también eventos donde todas las generaciones confluyen y se disponen a la celebración de algún tipo de ritual bien sea en honor a la tradición clásica del sentido de la fiesta o a la interpretación particular que de la misma han podido realizar. Aspecto este, sumamente interesante y positivo, pues la vida debe estar colmada de “Sentido”, llenar los días con rituales, con emociones, hacer memorables los momentos, imprimiendo en los recuerdos aspectos positivos y de bienestar para el desarrollo. Lo fundamental entonces no es como se celebre Halloween sino que para quienes lo hagan sea claro el por qué, compartan dicha interpretación y conviertan en ilustre la experiencia, ofreciendo a los más chicos conocer estos aspectos, apropiarlos y compartirlos.